Resumen
Considerado "el expositor más brillante de la última etapa de la arquitectura barroca novohispana", el arquitecto Francisco Antonio Guerrero y Torres se significó por su sensibilidad artística y sentido práctico, que lo llevaron a construir notables edificios —civiles y eclesiásticos— como el templo de la Enseñanza, la parroquia de San José, la capilla del Pocito y los actuales Palacio de Iturbide, La Casa Matriz del Banco Nacional de México, El Museo de la Ciudad de México, etcétera. No obstante, la Mansión de Borda en la antigua calle de San Francisco fue uno de sus más espectaculares logros, dada su enorme extensión y belleza. Y aunque a lo largo de más de dos siglos este conjunto arquitectónico ha sufrido incontables alteraciones, en su tiempo fue la residencia particular más amplia construida durante el virreinato, solamente después de la del marqués del Valle de Oaxaca.